Quizás una de las verdades más difíciles de aceptar es que ningún líder resolverá por sí solo los desafíos del país. El futuro dependerá también de nuestra capacidad para elegir con criterio, exigir resultados y defender los valores que consideramos fundamentales.
Colombia necesita líderes capaces de inspirar confianza, construir consensos y concentrarse más en las soluciones que en los culpables.
Después de observar el panorama actual, he llegado a una conclusión personal. Las prioridades que más valoro son la libertad, la seguridad, el respeto por las instituciones, la generación de oportunidades para quienes desean salir adelante mediante su trabajo y la defensa de un Estado que haga cumplir la ley con firmeza y sin excepciones.
Pero cualquiera que sea nuestra preferencia política, no olvidemos algo fundamental: Colombia será mañana el reflejo de las decisiones que tomemos hoy.
Elegir un presidente es importante. Elegir los principios que queremos defender como sociedad es aún más importante.
El futuro no pertenece a quienes prometen más, pertenece a quienes tienen el carácter para construirlo.
Las naciones prosperan cuando sus ciudadanos exigen integridad a sus líderes y responsabilidad a sí mismos. Al final, el destino de Colombia no se escribirá en los discursos ni en las redes sociales. Se escribirá en las decisiones que tomemos como sociedad.
Colombia se encuentra frente a una nueva ola.
La pregunta no es si hemos cometido errores, la pregunta es si aprendimos de ellos. ¿Tendremos la humildad para corregir la postura, la sabiduría para leer mejor el mar y el carácter para mantenernos de pie cuando llegue la próxima gran ola?
Porque un buen surfista no desafía al mar desde la arrogancia. Lo observa, lo comprende, lo respeta y aprende de él. Solo entonces encuentra la armonía necesaria para avanzar con fluidez, dignidad y elegancia.
He perdido algunas de las mejores olas de mi vida por dudar, por esperar demasiado, por creer que quizás venía una mejor.
Con los años entendí que muchas oportunidades tienen algo en común con las buenas olas: aparecen, duran poco y rara vez esperan a que estemos completamente listos.
También he visto a muchos de mis estudiantes caer una y otra vez, levantarse, remar de nuevo y regresar al pico con más determinación que antes. Los he visto transformar el miedo en confianza y la frustración en aprendizaje. Después de varias caídas, terminan surfeando las mejores olas de su vida.
El mar enseña que las caídas no son el final del recorrido. Son parte del aprendizaje. Enseña que la experiencia no consiste en no caer, sino en aprender a levantarse cada vez más rápido.
Así es el mar, así es el surf y así es la vida.cEl mar ya está formando la próxima ola, que llegará con o sin nosotros. No podemos decidir qué tan grande será, pero sí podemos decidir quiénes seremos cuando llegue.
Surfearemos con miedo o con carácter, con orgullo o con humildad, repitiendo los errores del pasado o aprendiendo de ellos.
La pregunta no es qué hará el mar, la pregunta es qué hará el surfista. Y, sobre todo, la pregunta es qué hará Colombia cuando tenga la próxima ola enfrente.
Las olas pasan, la vida también. Pero el carácter, las decisiones y el legado que dejamos en los demás permanecen mucho después de que el mar vuelve a estar en calma.
Por Hugo González Chalela
SURFISTA TRANSFORMADOR
@surfing_cartagena