Fundación GERO

La distracción, el factor humano

Por Nelson Gutiérrez*

“Manejar un automóvil es una de las actividades más arriesgadas que cualquiera de nosotros pueda emprender, a pesar de las décadas de mejoras en el diseño automovilístico y de los avances referentes a la seguridad en el tránsito”. Esta cita, de la expresidente del Consejo Nacional de Seguridad de los Estados Unidos, Deborah Heersman, lo dice todo. Conducir es un factor de riesgo tan grande que es la única categoría con un apartado completo en los datos de lesiones del 2015 de dicho ente. La frecuencia y la severidad potencial de las colisiones con vehículos colocan la conducción en el peor rincón de cualquier matriz de riesgo.

“Manejar un automóvil es una de las actividades más arriesgadas que cualquiera de nosotros pueda emprender, a pesar de las décadas de mejoras en el diseño automovilístico y de los avances referentes a la seguridad en el tránsito”. Deborah Heersman.

Si al riesgo asociado a manejar cualquier vehículo, le sumamos las distracciones, conducir puede ser la actividad más peligrosa que hacemos todos los días. Un estudio aplicado a más de 3,5 millones de personas en diferentes culturas y países, realizado por la Organización SAFESTART® International, nos indica la mejor manera de afrontar esta realidad.

El problema no es la conducción, es la distracción

La mayoría de campañas contra la distracción muestran a alguien enviando mensajes de texto tras del volante. Pero los datos del Sistema de Informes de Análisis de Fatalidades en EE.UU. sugieren que el teléfono móvil no es el único causante de distracciones que causan muertes al conducir. También lo son la radio, comandos del vehículo, GPS, los carteles de la calle, pasajeros, movimiento inesperado de objetos, hablar con alguien, escuchar música con audífonos, mirar un mapa, fumar, comer, etcétera.

Una definición práctica de la distracción en la vía pública es “el factor interno o externo que aleja los ojos o la mente del camino”; es decir, cualquier cosa que desvía la atención al conducir o caminar. Hay dos grupos de distracciones: las conscientes, que son aquellas decisiones que tomamos, como alcanzar el teléfono móvil o sintonizar la radio, y las involuntarias, que son lapsos mentales sin intención, como quedarse dormido al volante o dejar que la mente divague cuando se debe estar concentrado.

Hay dos grupos de distracciones: las conscientes, que son aquellas decisiones que tomamos, como alcanzar el teléfono móvil o sintonizar la radio, y las involuntarias, que son lapsos mentales sin intención, como quedarse dormido al volante o dejar que la mente divague cuando se debe estar concentrado.

El estado mental de una persona puede hacerla más vulnerable a distraerse. Cuando tiene prisa, es más propensa a pensar en llegar rápido al destino, que en la conducción y en los peligros circundantes. Cuando está frustrada, tiene más probabilidades de distraerse por andar pensando en aquello que la frustra. Cuando está cansada, física o mentalmente, tiene más chance de cerrar los ojos, y su reacción es más lenta. Quizás la causa de distracción más peligrosa es la familiaridad con la actividad que se desarolla. Las personas se arriesgan innecesariamente al volante porque, luego de muchas jornadas manejando sin sufrir accidentes, olvidan que conducir es riesgoso; tienen exceso de confianza.

El panorama de la distracción

Las personas son vulnerables a las distracciones, y eso puede producir malas decisiones, lapsos mentales e incremento del riesgo. Los ojos y la mente se alejan de la tarea que tienen entre manos, y entonces es solo cuestión de tiempo y probabilidades para que una lesión ocurra.

El patrón de riesgo visto en la figura 1 describe el problema. Se explica de la siguiente manera: los estados llevan a cometer errores críticos, haciendo que el riesgo de la actividad se incremente en gran medida y aumente la probabilidad de sufrir una lesión.

El siguiente es un ejemplo para contextualizar el concepto. Si usted ha conducido una motocicleta por años y ya piensa que es un experto, probablemente está muy confiado de sus habilidades (complacencia); entonces suena su teléfono celular y usted lo saca del bolsillo para contestar, quitando por un segundo los ojos y la mente de la vía; en ese instante el semáforo cambia a rojo y usted no se da cuenta; viene un carro en sentido contrario y lo atropella, produciéndole heridas serias. Este patrón de riesgo está presente en más del 90 % de los accidentes.

Así funciona la distracción.

Entra a la página web de la Fundación Gero: https://www.fundaciongero.org/

*Nelson Gutiérrez es Ingeniero Industrial especialista en QHSE con más de 15 años de experiencia en Sistemas de Gestión y desarrollo de Cultura de Seguridad. Es Consultor y Master Trainer para Iberoamérica en Programas de Seguridad Basada en el Comportamiento y Observación Preventiva, con la empresa SafeStart International. Nelson ha implementado proyectos en grandes empresas y es un solicitado conferencista internacional. Es asesor de seguridad de la Fundación Gero.

Correo electrónico: [email protected]

Sitio Web: www.safestartlatam.com