Hoy el mundo del deporte y la cultura colombiana se sorprende con una noticia que deja a los seguidores de la música con el corazón en silencio: Yeison Jiménez, reconocido artista colombiano y apasionado aficionado al fútbol, murió en un accidente de avioneta entre Paipa y Duitama. El accidente ocurrió mientras la aeronave en la que se desplazaba se dirigía hacia Medellín, y lamentablemente no hubo sobrevivientes entre los seis ocupantes del vuelo.
En medio del impacto y la tristeza que hoy embarga a sus seguidores, familiares y amigos, uno de sus recientes trabajos —una entrevista en podcast a Macnelly Torres donde compartió sus sueños, desafíos y reflexiones— cobra una dimensión especial. Más allá de la música, su voz resonaba con la misma pasión que lo acompañó cada fin de semana cuando se sentaba a ver un partido, alentaba a Nacional o vibraba con cada llamado de la Selección Colombia.
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Un hombre de pasiones sencillas, profundas y sinceras
Aunque Yeison ganó fama por sus canciones y por su carismática presencia en los medios, quienes lo conocieron —tanto seguidores como colegas— coinciden en que había un fervor verdadero por el fútbol. Ya fuera celebrando una victoria, analizando una jugada o alentando a sus equipos favoritos, su amor por este deporte era genuino y desbordante.
En el episodio del podcast que hoy se reescucha con especial emoción, Jiménez hablaba con franqueza sobre la vida: sus altibajos, sus miedos, sus logros y lo que lo hacía levantarse cada mañana. Entre frases cargadas de orgullo por sus raíces y un mensaje claro de resiliencia, también se sentía esa conexión con el espíritu colectivo que solo el fútbol puede generar: la ilusión de un país entero, el anhelo por ver a la Selección triunfar, y la fuerza de sueños compartidos. (Episodio disponible en: https://youtu.be/5TjEp6douhM)
La pasión que inspiró a muchos
Yeison no solo cantaba; también contaba historias de superación. En otras entrevistas había relatado cómo la vida lo había puesto en situaciones difíciles, desde enfrentarse a momentos oscuros hasta sobreponerse a obstáculos que habrían detenido a muchos. Su relato no era de un camino fácil, sino de alguien que decidió no rendirse nunca, a pesar de todo.
Esa actitud —esa fe en levantarse, en apostar por sus sueños, en mirar hacia adelante pese a las adversidades— fue también la que lo hizo apasionado seguidor del fútbol colombiano: la convicción de que, a pesar de cualquier dificultad, se puede luchar por triunfar, se puede alentar hasta el último minuto y se puede creer en la magia del deporte.
Un legado más allá de la música
El fútbol y la música tienen algo en común: son lenguajes que conectan corazones. En sus conversaciones, Jiménez hablaba con la misma fuerza con que miles de colombianos viven cada partido, cada llamado a la Selección y cada sueño futbolístico. Hoy, más allá de la tristeza, queda una enseñanza: la vida se vive con intensidad, sin dejar nada para después.
Un admirador de James Rodríguez, que un día prometió invitar a Dayro Moreno a “media de aguardiente” si marcaba un gol con Colombia, partió tempranatemente. Descansa en paz, Yeison. Tu voz seguirá inspirando a quienes, como tú, creen que el fútbol —y la vida— se viven hasta el último minuto.





