Analogía sobre las olas en la Ciudad Amurallada

Cuando el pasado es tan real como el presente, no puedo recordar mejor entorno que el de crecer en Cartagena por los años 70, un regalo del tiempo para los que nos tocó aquella infancia.

Pibe De Rosa, 'surfero' de los 70.

El mundo virtual estaba a años luz como el sueño más lejano o la ilusión futurista, y la playa, una realidad a la vuelta de la esquina en una ciudad pequeña y acogedora donde todos nos conocíamos.

En esa época un grupo de niños surfeábamos con tablas de cama o con cualquier buen pedazo de madera que encontrábamos a la orilla del mar o de la bahía. Una tabla de surf de fibra de vidrio era un sueño anhelado, un deseo casi inalcanzable y por esos días existían tablas de surf en Colombia que se podían contar con los dedos de la mano.

Cartagena años 70. Foto: Archivo Google, Jaime Borda.
Titi De la Vega, 'surfero' de los 70. Foto: @nashootphoto
Mauricio Porto, 'surfero' de los 70. Foto: Nico Palacios @shootingdownthebarrel

Los jóvenes  surfistas más creativos como los hermanos De la Vega Bardi, pulían las tablas de cama y les pintaban logos de marcas de surf internacionales imitando modernas calcomanías. Surfear con esas tablas era un verdadero peligro… recordamos al intrépido y divertido Juan Carlos ‘Yayita’ de Pombo Andrade, Q.E.P.D., bajando olas tipo ‘kamikaze’, como el más temerario de los surfistas, con su inigualable sonrisa de oreja a oreja y el aura y la energía arrolladora de un verdadero ganador de la vida.  ‘Yayita’, nos dejaste muy temprano, niño pero grande, tu esencia nunca partió de nuestros corazones y tu sonrisa nunca dejó de brillar en nuestras memorias. ¡Infinitas olas de amor en el cielo para ti campeón!

Juan Carlos 'Yayita' de Pombo Andrade.
'Yayita', hermano del mar.

Descubrir la energía y la fuerza del mar mientras te impulsa una ola, deslizándote sutilmente y avanzando de pie sobre la superficie del agua sobre un bólido amarillo, es pura y absoluta magia.

La dinámica de surfear consiste en esforzarse remando mar adentro, buscando las corrientes favorables que te ayudan a entrar hasta una zona estable donde la cresta de la ola rompe. Te sientas sobre tu tabla pacientemente observando al horizonte por la aproximación de una buena ola para correr.  Leer las olas, comprendiendo su forma y el punto donde debes arrancar a remar con coraje para alcanzarla y levantarte, es un ejercicio que con práctica y perseverancia se domina. Cuando te subes en una buena ola, todo el esfuerzo y la paciencia se pagan y es inexplicablemente gratificante.

El surf puede llegar a ser mucho más que un deporte, también como un modo de vida, un espacio profundo en el que te sumerges encontrando paz, claridad, alegría y razón de ser.

Bendecido, afortunado y agradecido, hoy me esmero por compartir con los que alcanzo mi relación con el mar y con el surf, tratando de sacar lo mejor de todo para todos.

Contar con toda la información que una fascinante enciclopedia como Google nos brinda al alcance de un celular es un sueño hecho realidad, pero la tecnología es un arma de doble filo que puede aislar a las personas de la naturaleza y de las experiencias reales; y eso es detestable. Nunca debió cambiar el tiempo de espera de una carta por un e-mail del presente, porque mientras tanto se vivía por el tiempo y ahora, por ir a mil, se deja de vivir en el tiempo, o se vive más rápido, pero al final es menos lo que se vive.

Aunque los pronósticos del clima y de los oleajes virtuales son supremamente útiles y muy acertados, tampoco cambiaría la ilusión de la espera interpretando el oleaje por venir, de acuerdo con las fases de la luna y la intensidad de los vientos que se sentían naturalmente, eso era muy romántico.

En aquel entonces se untaban más las manos y menos el control remoto. Si bien, todos los tiempos tienen su encanto y su canto, los colores de la historia varían de pálidos pasteles a vivos fluorescentes y de nuevo a pálidos… el azul nunca dejará de ser azul como cualquiera que sea el color del alma y nunca debemos dejar de colorear la vida.

No quiero decir que “todo tiempo pasado fue mejor”,  pero el agua sí era un poco más azul y el verde más abundante.  Se respiraba mejor oxígeno y menos tecnología.

'Titi' de la Vega, surfeando, Hugo González Chalela, nadando. Foto: @andresespinosa1030
Alessandro Basile Lemaitre, 'surfero' de los 70. Foto: @andresespinosa1030

Zarpé por mi interminable travesía sobre las olas en una aventura que continúo y en la que me veo navegando hasta mi destino final, de la mano de mis hermanos del cielo y del mar.

Iván Fumarola y Hugo González Chalela, camino a la felicidad. Foto: Nando Orsini.

Criarse junto al mar expande el alma hacia un océano de posibilidades en el que la profundidad de los sueños se hace realidad. Muchos viven junto al mar y jamás se le acercan, otros lo conocen por primera vez y se quedan, cada uno labra el camino a su manera, pero crean cuando escuchen que junto al mar, la vida es mejor.

En memoria de ‘Yayita’ de Pombo, siempre junto al mar.

*Para todo lo relacionado con este deporte, pueden contactarme en:

@surfing_cartagena

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Hugo González Chalela

Surfing Coach