El cabezazo de Zidane, hace 14 años

Un golpe mundial

Zinedine Zidane fue un jugador mágico, fenomenal, fantástico, asombroso. Siendo la figura del tradicional volante de creación mucho más suramericana que europea, es el mejor diez en la historia del Viejo continente.

Extrañamente, solo llevó este número en la Selección de Francia, pues en el Girondins de Burdeos tuvo el 7, en Juventus lució el 21 y en el Real Madrid portó el 5.

Y con ese 10 en su dorsal, Zidane brilló locamente. Lideró el doblete de los ‘gallos’ en el Mundial de 1998 y la Eurocopa del 2000. Luego de los fracasos tratando de defender esos títulos en 2002 y 2004, llegó a la Copa del Mundo de 2006 con la bandera del retiro. Tras años brillantes en el Real Madrid, adelantó su retiro una temporada al ver que en el vestuario blanco se caldeaban los ánimos y se iba perdiendo la cordialidad. Siempre entendió el juego con tranquilidad y armonía, así que no podía jugar en un ambiente hostil como el que se gestaba es Valdebebas.

Y a ese Mundial de 2006 llegó como la estrella llamada a dejar su último destello antes de apagarse en la infinidad del cielo futbolístico.

En el torneo fue de menos a más; su participación en la fase de grupos fue discreta, pero se destapó en las rondas de eliminación directa. Jugó bien en octavos ante España y liquidó la victoria con un gol ante Casillas, ya excompañero del Madrid. Hizo pasar desapercibido al cuarteto de ataque brasileño (Ronaldo, Ronaldinho, Adriano y Kaká) en cuartos, jugando con elegante belleza poética, y asistiendo a Thierry Henry en el único gol del partido. En semifinales, ante una sólida Portugal, marcó de penalti el gol del triunfo.

Entonces llegó a la final con la impronta de ser el mejor jugador del torneo, en parte porque el rival, Italia, fuerte en lo táctico, era tacaño en lo técnico. Con la parsimonia y distinción de siempre, abrió el marcador picando un penalti ante el gran Gianluigi Buffon. El Mundial, y de paso el Balón de Oro, estaba en la puerta del horno. Pero un cabezazo de Marco Matterazzi mandó el partido a la prórroga.

Y precisamente en esa prórroga, y precisamente Matterazzi, y precisamente otro cabezazo, marcarían el final de la carrera de Zidane. El rudo y malencarado zaguero central había agobiado todo el partido al ídolo francés jalándole la camiseta. Faltando diez minutos para el final del alargue, ‘Zizou’ le dijo que si quería la camiseta se la daría después del partido, a lo que el italiano le respondió: “Prefiero a la p*** de tu hermana”.

Y entonces la calva más famosa en la historia del fútbol fue a dar contra el pecho de Matterazzi. La airada reacción de Zidane contradijo todo lo que se había visto de él en las canchas. Como el balón estaba en otra parte, el juez central argentino Horacio Elizondo no se percató de la agresión, pero el cuarto árbitro, que lo vio todo, acusó al creativo galo, que vio la cartulina roja y dejó a su selección mal parada de cara al final de la final.

Matterazzi le estaba agarrando continuamente la camiseta a Zidane.

El partido se fue a tiros desde el punto penal, y Francia perdió por un cobro, el que David Trezeget estrelló violentamente contra el larguero. Tal vez, dentro de la lógica de un Zidane aún en cancha, ese cobro hubiera sido suyo y muy probablemente habría terminado dentro del arco, como el que pateó empezando el partido.

 

Fue el final muy triste de una carrera sublime. Algunos italianos de los años treinta son los únicos europeos que ganaron dos mundiales, y Francia pudo tener seis bicampeones orbitales en 1998 y 2006, pero Zidane se hizo expulsar. Ganar este segundo campeonato del mundo, siendo la figura de su selección en ambos títulos (además de todo lo que hizo en clubes, especialmente Juventus y Real Madrid), lo hubiera puesto en la discusión de ser el mejor futbolista de la historia. Aunque nadie le niega su condición de crack, esta mancha lo alejó de semejante gloria.

El cabezazo de Zidane fue en el minuto 110 del partido

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