Perilla criticó el arbitraje colombiano

Perilla denunció corrupción, falta de profesionalismo y acoso sexual.

Acoso sexual y corrupción fueron parte de las denuncias que Harold Perilla, un exárbitro que alguna vez portó la escarapela FIFA y que se retiró en 2018, realizó sobre el fútbol colombiano. Perilla ha arremetido contra el manejo de Ímer Machado, director de la comisión técnica arbitral, denunciando que su liderazgo inadecuado se ha traducido en un deterioro del nivel de los árbitros en el país.

En una entrevista con el diario El Heraldo, Perilla destacó las numerosas irregularidades que plagan el arbitraje colombiano. Uno de los problemas principales señalados por Perilla es la falta de profesionalización de los árbitros, quienes, según él, no reciben salarios adecuados ni garantías laborales. En lugar de un contrato formal, los árbitros dependen de asignaciones por partido dirigido, lo que crea una situación precaria donde muchos se ven obligados a buscar ingresos adicionales para mantener a sus familias, indicó.

Esta situación de vulnerabilidad económica, según Perilla, hace que los árbitros sean susceptibles a influencias externas, como el soborno y la manipulación de partidos, muy propio en época de apuestas deportivas. El exárbitro advierte que el fácil acceso a la ilegalidad ha exacerbado este problema, permitiendo la manipulación de los árbitros que luchan financieramente.

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Perilla no se detiene ahí. Acusa directamente a los líderes del fútbol colombiano de corrupción, afirmando que los árbitros no llegan a las divisiones superiores por su habilidad o mérito, sino más bien por influencias corruptas y pagos monetarios. Afirma poseer pruebas, incluyendo grabaciones de audio, que respaldan sus acusaciones de sobornos y tráfico de influencias en el proceso de ascenso de los árbitros.

Quizás las acusaciones más serias de Perilla involucran el presunto acoso sexual dentro del arbitraje colombiano. Aunque él mismo denunció penalmente a Ímer Machado y Óscar Julián Ruiz por acoso sexual en 2019, lamentablemente el caso ha prescrito. Sin embargo, Perilla sostiene que el acoso sexual es una realidad dentro del mundo del arbitraje, y que algunas personas han llegado a posiciones de poder a través de medios inapropiados.

Estas acusaciones arrojan una sombra oscura sobre el fútbol colombiano, poniendo en duda la integridad de las instituciones encargadas de administrar el juego. A pesar de la defensa pública del arbitraje colombiano por parte de Ramón Jesurún, presidente de la Federación Colombiana de Fútbol, las críticas persisten y la demanda de una reforma integral del sistema arbitral se hace cada vez más urgente.

En última instancia, las denuncias de Perilla plantean preguntas difíciles sobre la transparencia, la ética y la moralidad dentro del fútbol colombiano. A medida que las investigaciones continúan y la presión pública aumenta, queda por ver si estas acusaciones conducirán a cambios significativos en el mundo del arbitraje colombiano o si la corrupción y el acoso sexual continuarán perviviendo en las sombras del deporte más popular del país.

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