Terminó la Copa Mundial de Clubes y dejó la sensación de ser un torneo interesante y con gran fútbol. Eso sí, a ese torneo le sobran equipos y una ronda, pero está claro que despertó el interés del público y de los clubes. Seguramente, una próxima edición en un país mucho más futbolero traerá más público de otros países y no solo grandes hinchadas de países suramericanos, como sucedió con los argentinos y brasileños en Estados Unidos.
Tuvimos la fortuna de ver a un gran Paris Saint-Germain y a un equipo que fue de menos a más y entendió cómo debía jugar la final, lo que le permitió coronarse como campeón indiscutible. El Chelsea recibió un premio al esfuerzo y trabajo de un entrenador que, para muchos, es un desconocido, pero que es un gran estudioso del fútbol y lo demostró planteando una final perfecta.
Todos nos sorprendimos con la propuesta de Enzo Maresca. Cuando se esperaba que se metiera atrás y apostara por un contraataque, salió a jugar a lo mismo que hizo el PSG en la Champions League y durante todo este nuevo torneo. El resultado no pudo ser mejor: confundió a los jugadores de Luis Enrique, tanto que la banda izquierda, que fue su baluarte durante todo el torneo, se vio perdida en ataque y en defensa. El partido de Mendes y Kvaratskhelia fue un desastre, y permitieron que por esa zona pasaran Palmer y Gusto sin ninguna restricción. Pero no solo fue eso; el control del medio campo que tuvieron Moisés Caicedo y Reece James hizo ver muy mal a Ruiz y a Neves.
Todo esto fue el modelo perfecto para generar un impacto en un equipo que jugó una gran final, que presionó, que nunca dio un balón por perdido, que fastidió tanto a sus rivales que estos llegaron a jalarles el pelo en medio de mucha frustración. Incluso, el técnico Luis Enrique se descompuso y agredió al final a Joao Pedro en una acción muy desafortunada por parte del entrenador.
¡Qué lindo que es el fútbol, un deporte que nos da lecciones todos los días y que permite que pasen este tipo de cosas! El PSG se olvidó de que jugaba una final y se dejó sorprender por su rival. Solo pudo reaccionar por diez minutos cuando tuvo el control del partido y falló una jugada clara de gol, que se perdió Doué por sobrador. Así como acertó en la final de Champions League cuando aprovechó las oportunidades que tuvo, en esta final pensó que se podía lucir y pagó su arrogancia desperdiciando un gol que podía haber cambiado el resultado de ese partido.
Me gustó mucho ver esa versión del Chelsea porque demostró que no existen equipos a los que no se les pueda ganar. Muchos pensamos que ya teníamos al mejor conjunto de Europa y que sería muy difícil encontrar otro que pudiera jugar de esa manera, y en un solo partido los de Maresca demostraron que es posible jugar a lo mismo.
Es un buen ejemplo para muchos equipos que entran derrotados a los partidos, sobre todo para los entrenadores, quienes creen que frente a los grandes equipos la solución es meterse atrás y darle toda la responsabilidad a los rivales. ¡Qué buen baño de humildad el que recibieron los jugadores y el entrenador del PSG!
Lo que más me gusta es ver triunfar a Cole Palmer, un autentico crack, que tuvo que irse del Manchester City para poder triunfar y hoy recibe un reconocimiento mundial. Es un gran talento, y sin tanto ruido mediático demuestra que lo que se requiere es jugar a la pelota y mostrar en el campo superioridad. De hecho, existen hoy muy pocos jugadores con esa capacidad, especialmente con ese amague para engañar a los rivales, dejar sentados a los defensas y definir con tanta clase como lo hace el inglés.
Que comiencen las ligas y sigamos viendo buen fútbol, porque esto no para y ya los grandes equipos se arman para una nueva temporada, teniendo como reflector lo que paso en el Mundial de Clubes, aunque a muchos no les guste este torneo.