22 años para volver a un podio

Foto: Federación Colombiana de Fútbol

Exigir más es olvidarnos de nuestra realidad

Terminó el Mundial Sub-20, y es hora de hacer un análisis de la participación de nuestra Selección Colombia en ese torneo. El equipo nacional terminó en el tercer lugar, posición que ocupa por segunda vez, luego de haberla logrado en 2003. Es un muy buen resultado si lo vemos desde la sequía que traíamos en esta categoría en mundiales, considerando que volvimos a tener un equipo que pudo competir al nivel de los mejores.

Los dirigidos por el técnico César Torres tuvieron un muy buen Mundial. Jugaron una buena ronda de grupos y luego fueron creciendo en las fases definitivas, superando a Sudáfrica y España; luego perdieron con Argentina y cerraron con broche de bronce ante Francia. El equipo mostró que tenía con qué pelear por el título del torneo. Solo la falta de contundencia y la toma de ciertas decisiones de algunos de sus jugadores le impidieron luchar por esa instancia.

La falta de gol frente a Argentina, la desconcentración en un momento clave del partido y una expulsión infantil evitaron que estos muchachos lucharan por más. La ausencia de Neiser Villarreal, quien no jugó por suspensión, fue notoria, puesto que Emilio Aristizábal no tuvo esa picardía con la que sí contó el tumaqueño cuando se reencontró con el gol.

También creo que ese partido se perdió por falta de reacción táctica. El equipo no entendió cómo debía jugar en el segundo tiempo, cuando Diego Placente, el entrenador rival, movió sus fichas y se fue en búsqueda del partido. El profe Torres no supo reaccionar para recomponer su estructura y tener un equipo más compacto, que no diera tantos espacios.

A estos muchachos no es mucho lo que se les puede reprochar. Este equipo, si bien iba con expectativas y el objetivo claro de traer el título, se regresa luego de competir y obtener un decoroso tercer lugar. Exigir más cuando tenemos una liga donde muchos de ellos no tienen oportunidades, donde no se fomenta que las figuras jóvenes aparezcan, es olvidarnos de nuestra realidad.

Los jugadores colombianos están saliendo tarde. Mientras en Europa aparecen grandes jugadores, que con 19 o 20 años ya han figurado como profesionales en grandes equipos, los nuestros apenas comienzan ese recorrido. Por eso cuando llegan al Viejo continente con 24 años ya han perdido parte del proceso.

Entonces, crucificar a estos muchachos por no traer un título es ilógico. Se deben guardar las proporciones y entender que se deja una buena base, que algunos de ellos podrían tocar la puerta de la selección mayor y que está claro que si se invierte más en estas nuevas figuras, se mejora la liga y se exige que los equipos pongan a sus nuevas figuras vamos a tener mejores resultados.

Muchos critican porque seguimos perdiendo en las instancias finales y porque si no ganamos un título es un fracaso. ¿Pero cómo se puede exigir más a estos muchachos si no han tenido la formación desde las categorías inferiores, si no los han ido mentalizando para ser ganadores y luchar por todo, como lo hacen los argentinos?

Ese debería ser el espejo en el que nos miremos y comencemos a trabajar con los niños para inculcarles esta mentalidad ganadora que por primera vez vimos explícitamente en un seleccionador nacional. César Torres, desde el principio, fue claro en lo que quería y en lo que este equipo debía conseguir. No se llegó al título, pero se trajo un buen premio y un proceso que puede dar grandes frutos.

Por: Mauricio León

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