Escándalo y “Senegalazo” en Rabat: Senegal reina en África tras polémico partido

Un penal a lo Panenka de Brahim, protagonista de la debacle de Marruecos

El fútbol africano vivió en Rabat una de esas noches que quedan grabadas para siempre, no tanto por la belleza del juego, sino por un desenlace cargado de polémica, tensión y drama. La final de la Copa de África 2026, pensada como una consagración histórica para Marruecos en casa, terminó convertida en una pesadilla. Senegal se proclamó campeona tras vencer 1-0 en un partido marcado por el caos arbitral, un penalti fallado a lo “Panenka” por Brahim Díaz y un gol que ya forma parte del imaginario del continente.

El estadio, repleto y teñido de rojo y verde, empujó desde el primer minuto a unos Leones del Atlas decididos a romper una sequía de medio siglo. Marruecos dominó por momentos, pero Senegal respondió con orden, músculo y la experiencia de quien sabe competir en finales. El duelo, intenso y cerrado, fue acumulando tensión hasta estallar en el tramo decisivo.

Polémica tras polémica

Con el marcador aún en blanco, el árbitro anuló un gol a Senegal por una supuesta falta de Achraf Hakimi que encendió las protestas.


La sensación de injusticia creció y alcanzó su punto máximo en el minuto 98, cuando el VAR intervino para señalar un penalti a favor de Marruecos por un agarrón sobre Brahim Díaz. La decisión provocó una reacción inédita: los jugadores de Senegal abandonaron el campo en señal de protesta, dejando la final suspendida durante varios minutos.

La intervención de Sadio Mané fue clave. El capitán, consciente de las posibles consecuencias disciplinarias, convenció a sus compañeros de regresar al césped. El partido continuó, pero ya nada volvió a ser normal. El ambiente era irrespirable y cada acción se jugaba con el peso de la historia sobre los hombros.

En ese contexto, Brahim Díaz asumió la responsabilidad desde los once metros en el minuto 113. El jugador llamado a ser el héroe optó por la audacia: un penalti a lo “Panenka”. Edouard Mendy no se venció, atrapó el balón y silenció Rabat. El estadio quedó congelado y Marruecos, psicológicamente, no volvió a levantarse.

La prórroga confirmó el cambio de dinámica. Senegal, espoleada por el penalti detenido, creció en confianza. En el minuto 94, Pape Alassane Gueye firmó el golpe definitivo: conducción potente desde la medular y un disparo brutal a la escuadra, imposible para Bono. El 1-0 desató la locura senegalesa y dejó a Marruecos contra las cuerdas.

El empuje final de los locales fue más orgullo que claridad. Un cabezazo de Aguerd al travesaño simbolizó la última esperanza antes del derrumbe. Las lágrimas de En-Nesyri y de un Brahim inconsolable contrastaron con la imagen de Mané levantando el trofeo.

Un título ante la gran favorita

Senegal conquista así su segunda Copa de África, demostrando carácter y resiliencia en medio del caos. Marruecos, herida y señalada por la polémica, deberá recomponerse rápido: el Mundial asoma en el horizonte como una posible redención para una generación que en Rabat rozó la gloria… y terminó cayendo en el abismo.

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