Terminó el sueño de volver a tener a un jugador colombiano en la final de la Champions League. Luis Díaz estuvo muy cerca, pero el vértigo y las desatenciones defensivas del Bayern Múnich le pasaron factura a un equipo que, sobre el papel, era superior al Paris Saint-Germain.
Los alemanes fueron dominados por la experiencia y capacidad de un director técnico que entiende como pocos el fútbol y que se renueva cada año en busca de mejorar tácticamente. El artífice de esta frustración fue Luis Enrique, quien manejó la serie con juego, goles y disciplina táctica.
Estos dos equipos nos brindaron dos juegos extraordinarios, con un despliegue increíble que le mostró al mundo del fútbol lo que se puede lograr cuando se decide jugar al fútbol sin restricciones, asumiendo riesgos, dejando espacios y con inteligencia táctica.
Los franceses fueron superiores en los dos juegos, especialmente en el de vuelta, donde controlaron las salidas de Michael Olise logrando que el extremo francés prácticamente desapareciera del juego y no creara tanto peligro como en la ida.
La clave fue un estudio del juego tan avanzado que, incluso, lo llevó a realizar una táctica similar a la del rugby. Muchos no lo vieron, pero el arquero Safonov tiraba intencionalmente los saques de meta hacia el costado para que el PSG pudiera ir a presionar en los saques de banda. Además, eso obligaría a Olise a jugar mucho de espaldas al arco y con poco espacio.
Solo un genio como el español puede pensar una táctica de ese estilo. Adicional a esta estrategia, PSG escalonó todo el tiempo a los dos extremos del Bayern, con lo que no tuvieron tanta libertad para jugar y en varios momentos se vieron frustrados. No tenían cómo desbordar y generar profundidad, como sí lo habían hecho en la ida en París.
Muchos criticaron la ida por la cantidad de goles, un auténtico espectáculo para los amantes del fútbol; tal vez uno de los mejores juegos del año. Pero pocos hablan de lo bien que los parisinos controlaron la vuelta, mostrando que pueden jugar con vértigo, pero también con inteligencia y táctica para hacer ver impotente a su rival.
El Bayern no tuvo muchas opciones y solo encontró el empate al final de juego en una gran jugada individual de Harry Kane. El inglés anotó un gol que al final no sirvió de nada y que solo decoró la eliminación del equipo alemán.
Para el Bayern esto es una tristeza y la confirmación que su estilo de juego requiere contar con centrales más rápidos, con mayor capacidad de reacción y que tengan muy buen regreso. De lo contrario, quedan expuestos ante rivales como Khivicha Kvaratskhelia, quien jugó a su antojo.
Seguramente, el director deportivo del club muniqués debió tomar nota atenta de la necesidad urgente de reforzar la zaga defensiva para que el técnico Vincent Kompany pueda seguir jugando de esa manera, especialmente con equipos tan letales como el PSG.
Para Luis Díaz fue una gran Champions League, en la que fue un gran protagonista. Pero eso no quita la frustración de no poder llegar a una final en la que hubiera podido brillar jugando contra un viejo conocido suyo, el Arsenal de Mikel Arteta.
No tenemos nada que reprocharle al guajiro, pues nos hizo delirar con un auténtico golazo en una semifinal del torneo más grande de clubes del fútbol mundial. Nos demostró que con trabajo, sacrificio y calidad se puede llegar muy lejos; así se convirtió en unos de los mejores jugadores del mundo.
Es una lástima que estos equipos se hayan tenido que encontrar en semifinales y no en la final, y que el Bayern no hubiera tomado mayores precauciones defensivas en la ida. Pero ya sabemos que eso no va con la forma como el técnico belga ve el fútbol, por lo que no es momento de reprochar nada.
Nos queda esperar que Lucho siga mostrando en el Mundial este gran nivel que ha tenido con su club durante toda la temporada, y que Lorenzo lo pueda potenciar para que nos brinde las mismas alegrías que nos dio con el Bayern esta temporada.