Aplausos para el ‘León’

Foto: Paulina Betancur / VizzorImage

No tenía mucho, pero tuvo algo que los demás no tuvieron

Luego de las finales del fútbol colombiano y de que Santa Fe se coronara campeón, queda una reflexión sobre el formato de la Liga y la realidad de nuestro fútbol.

Está claro que el famoso punto invisible es una ilusión y que los equipos que llegan con ese punto no le sacan el provecho que deberían. Nuevamente, el campeón es el equipo por el que nadie apostaba y fue el que terminó haciendo mejor las cosas. Ganó de visitante los partidos definitivos y superó a equipos con mejor nómina y que, sobre el papel, jugaban mejor.

Eso sí, el título de Santa Fe no tiene ningún tipo de discusión. Fue el único equipo que entendió lo que tenía que hacer en las finales, el que puso carácter y jerarquía, el que jugó los partidos definitivos como debía para coronarse como campeón del fútbol colombiano y darle a sus hinchas una alegría que había sido esquiva.

No creo que sea necesario hablar de lo que vimos en el partido de vuelta en el Estadio Atanasio Girardot. Pero sí me gustaría plantear que lo sucedido con el DIM se parece mucho a lo que les pasa a casi todos los equipos colombianos, incluyendo a la Selección Colombia. El Medellín ganaba el partido, y en ese momento competía bien frente a un Santa Fe que controlaba el partido. Pero, en vez de ir a buscar otro gol que le de la tranquilidad, comenzó a especular con la ventaja y le cede la responsabilidad de seguir al frente a su rival. Ya conocemos cómo le igualan el marcador y, en vez de reaccionar, se queda pasmado y no encuentra los caminos frente a un rival que se envalentonó y terminó remontando el marcador.

Ahora, la discusión de la forma cómo ganó Santa Fe es otra historia que habla de un equipo que no se rindió y que buscó una final que le devolvió la gloria.

Lo visto nos demuestra cómo se afrontan los partidos y las finales, y eso es algo que Santa Fe tuvo muy claro cuando superó a Millonarios y luego al Medellín. Comenzando por su técnico, encontró la forma de potenciar a su equipo y de rescatar sus capacidades; pero, lo más importante, convenció a sus jugadores de que tenían todo para ganar un título, aun cuando nadie los consideraba favoritos.

Dentro de esa estructura, Jorge Bava se basó en varios pilares. El primero fue su arquero Andrés Mosquera Marmolejo, el mejor de la liga, siempre decisivo en los momentos en los que tuvo que salvar su arco. Tuvo también un defensa central de garantías, como Emanuel Olivera, que siempre estuvo concentrado y activo para no dar opciones a sus rivales, y un motor en el medio  campo como Daniel Torres, que juega con mucha inteligencia y no necesita correr toda la cancha para estar siempre bien posicionado. El aporte de Ómar Fernández Frasica fue el de un jugador que no se cansa de correr y desbordar. Adelante tuvo al goleador del fútbol colombiano; Hugo Rodallega demostró toda su capacidad y valentía cuando su equipo más lo necesitaba.

Estos cinco bastiones estuvieron rodeados de grandes jugadores que cumplieron con el papel que les pedía su técnico, el de acompañar y soportar una estructura que sus rivales no pudieron superar.

Lo de Santa Fe debe ser un ejemplo para muchos equipos en Colombia, que con más presupuesto, nóminas robustas, incluso mejor juego, se quedan en el camino porque no tienen claro lo más importante: el corazón que tuvo este equipo para luchar por un título y pelearlo hasta el final.

El espejo de esos técnicos debe el técnico Jorge Bava, que no necesitó del proceso que muchos piden, que no necesitó de mucho trabajo para entender a qué debía jugar su equipo. Otros entrenadores todavía tratan de interpretar a sus equipos y se quedan en el intento sin saber hacia dónde se deben mover.  Ya está demostrado que lo que se necesita es liderazgo, entrega, pero, sobre todo, carácter, algo que no abunda en nuestro fútbol.

Por: Mauricio León

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