Dos minutos por el Tayrona con el majestuoso Lobo de Mar. La Liga de Surf.

En memoria de Doris Chalela y Eric Thiriez, dos guerreros implacables.

 

Por: Hugo González Chalela *

En 1983, el ingeniero náutico y respetado Capitán empírico de origen francés, Eric Thiriez, radicado en Cartagena, se aventuró en una hazaña audaz a la que solo un lobo de mar como él se le mediría.

Eric Thiriez

Embarcó a un grupo de adolescentes surfistas cartageneros en el platón de su camioneta en busca de la mística ola del Parque Tayrona.  El más joven era yo, con doce años.  En ese entonces el parque era salvaje, primitivo y peligroso.

 

Recuerdo llorarle a mi madre Doris en la cocina de su restaurante, humillándome frente a su personal de trabajo, al lado de mi buen amigo Abraham Ibarra (otro surfista un par de años mayor que yo), con quien la abordé pretendiendo despertar confianza para que me diera el permiso de ir por mis olas.  Para persuadirla, le prometí mi mejor comportamiento, absoluta disciplina y asistir a misa todos los domingos por el resto de mi vida.

 

¡No, no y nooooo! Era su respuesta ipso facto. La entiendo, era su hijo menor, su adoración y único varón. Por ninguna razón ella iba a poner en tela de juicio mi seguridad. ¡No, Hugo! Me repetía mientras yo más insistía. Hasta que finalmente, de mis ojos un incontrolable mar de lágrimas la conmovió y me dijo que sí.

Doris Chalela

“La vida no se mide por las veces que respiras, sino por los momentos que te dejan sin aliento”. Sin duda alguna, ese momento, es uno de los más especiales para mí.

Fue Guillermo “Memo” Carreño (surfista bogotano y pionero del surf en Colombia), junto con el Chan Moore (surfista norteamericano, radicado en Cartagena), quienes surfearon las playas del Tayrona por primera vez a mediados de los años setenta. Ese par, a quienes admirábamos insaciablemente por su estilo de cabalgar las olas y por la bacanería total que irradiaban, nos hechizaban con sus historias sobre las poderosas olas del Tayrona. “Allá sí, culicagados, van a ver lo que es power”, “esa no es la olita de Cartagena”, “ese mar es bravo y serio, para hombres”,  “amárrense bien los pantalones porque cuando esa ola los revuelque, van a quedar en bola pendejos”, nos decía el Chan con acento gringo.

¡Wauuu! ¡No podíamos esperar!

Surfers de izquierda a derecha: Massimiliano Fava, Alejandro Rumie, Kevin Goebel, Hugo González Chalela y Gilbert Thiriez.

Por nuestra seguridad, el Capitán Thiriez solicitó escolta en Santa Marta para que nos acompañara, escolta armado… eso se iba poniendo cada vez mejor.

Arribamos en la noche, el Tayrona nos recibió oscuro, pero con el cielo estrellado, el oleaje rugiendo y avisos por todas partes que advertían: “Usted está aquí bajo su propia responsabilidad y seguridad”, “playas peligrosas” “corrientes fuertes”… y el que nos terminó de matar, “presencia de tiburones”. Mejor dicho, sálvese quien pueda… y clase de camarón en el que se había metido el Señor Thiriez con nosotros.

 

Al amanecer el sonido del silencio y la hermosura perturbadora del paisaje nos levantó. La intensidad de los colores, verde selva, blanco arena y azul aguamarina, junto con los aromas de la selva y el mar, nos cautivaron por completo. La playa era virgen, nada de ecohabs ni tiendas para turistas. El despampanante contraste de la zona, las heliconias contra el paisaje de la sierra nevada y el poder del mar nos deslumbró.

 

Llegamos a surfear a Cañaveral y el fuerte oleaje que reventaba en la orilla nos enterraba de cabeza contra la arena.  No parábamos de gritar de la emoción y también del susto  porque ante cualquier sombra que aparecía en el agua, alguno de nosotros gritaba “¡tiburón, tiburón!”. Lo de los avisos nos había sugestionado, pero nos apretamos los pantalones y nos lanzamos al poderoso mar con coraje y determinación. Mientras tanto, el ‘Lobo de Mar’ Thiriez, con su camiseta de rayas azules (tipo marinero), desde su silla plegable sobre la playa, contaba cabezas asegurándose que no le faltara ninguno.

 

Madre solo hay una, y marino y padre, como Eric Thiriez, también. Gracias mami y especialmente gracias a Eric por llevarnos de la mano en semejante aventura, junto con sus hijos Emmanuel y Gilbert, ambos caballeros del mar y de la vida, como usted señor.  Mi más profundo respeto y admiración.

 

Donde el azul del mar se entrelaza con el del cielo, las almas de mi madre y del capitán Thiriez descansan en paz.  Nadando, bailando y cantando se regocijan repletas de amor por haber sembrado en nosotros la semillas de la ilusión, del sueño y de la realización. A través de la mirada azul del Capitán y de la mirada verde de mi madre, entre el mar y la selva, la inmortalidad de sus enseñanzas por siempre en el corazón y en los divinos paisajes de Dios.

Foto: @nashootphoto

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Hugo González Chalela

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Tayrona. Foto: @nashootphoto Surfer: @santiagomendozasurf
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