Luis Enrique, con su Paris Saint-Germain, nos muestra que los grandes equipos se construyen con trabajo, esfuerzo, dedicación y, sobre todo, compromiso. El técnico español logró contagiar a cada uno de sus jugadores y pasó de tener grandes figuras a tener grandes jugadores. Un proyecto que estaba basado en traer nombres rutilantes se decantó por dejar salir al más importante y potenció a los jugadores que tenía para sacar lo mejor de ellos.
El mejor ejemplo de esto es lo que logró con Ousmane Dembélé. Es un jugador que no pudo demostrar todo su talento en Barcelona, que no se entrenaba bien, que estuvo mucho tiempo lesionado. Con Luis Enrique recuperó la grandeza y hoy es un serio candidato al Balón De Oro. Lo mejor es que logró que se reinventara jugando como falso nueve y tuviera una temporada espectacular, con 49 partidos jugados, 33 goles anotados y 15 asistencias. Son números improbables para un jugador del que se esperaba mucho y que, por fin, a las ordenes de Luis Enrique pudo explotar.
Pero no me quiero detener en este cambio de actitud y de capacidad para transformar a un jugador. Creo que lo que ha hecho grande a este equipo es que todos los futbolistas le creyeron al director técnico y se unieron con él más que nunca cuando empezó a armar un equipo sin Kylian Mbappé. No es que no lo quisiera tener, pero no le servía un jugador con esas características. Como el mismo Luis Enrique se lo dijo en un video muy viral, él quería que fuera ejemplo en defensa, que apretara la salida, que persiguiera a los rivales, que fuera el primero en marcar y que, de esa manera, todos sus compañeros lo iban a seguir. No lo iba a hacer, y eso es un reflejo de los problemas que ha tenido en el Real Madrid; atacando es de lo mejor que existe a nivel mundial, peor su aporte en defensa es nulo.
La razón la tenía el entrenador español cuando dijo: “creo que voy a mejorar a PSG, sin ninguna duda”. Luego sentencio: “el hecho de tener un jugador que se movía por donde él quería implica que hay situaciones de juego que yo no controlo”. Esto fue, precisamente, lo que hizo en la final de la Champions League: controlar todos los momentos del partido.
Analizando el repaso táctico que le dio al Inter de Milán, está claro que su equipo manejó todas las fases de juego y desbordó generosidad y un verdadero trabajo en equipo. El compromiso fue total, y todos corrieron y nunca dieron un balón por perdido frente a un oponente que durante toda la competición fue muy táctico y disciplinado.
Entonces, el mérito está en el manejo del grupo, en tener excelentes jugadores en cada posición y, sobre todo, que estos se acojan al libreto del entrenador. Eso ha sido fundamental en un equipo que esta lleno de grandes jugadores, los cuales entendieron que juegan para un equipo y que no van a lograr nada si no se unen y juegan en pro de ese objetivo común. El PSG cuenta con muy buenos futbolistas en cada posición, que podrían ir a otro equipo y serían tratados como grandes figuras. Pero, por el contrario, acá todos juegan a lo que pide el técnico y eso es fundamental.
Esa unión logró que un joven francés de veinte años fuera la gran figura de la final de la Champions, marcando dos goles y dando una asistencia. Ese joven tiene como ídolo a Neymar, una de las grandes figuras por las que apostó el PSG cuando pensó que su objetivo era de llenar de estrellas el equipo y no tener grandes jugadores. Pues este jovencito, Désiré Doué, que se dio a conocer al mundo en una final de Champions, no tuvo ningún problema en dar un paso al frente en un equipo lleno de grandes jugadores pero que ya no tiene una figura rutinaria.
¡Qué lección de grandeza la que nos ha dado Luis Enrique transformando a un equipo de lleno de estrellas en un verdadero equipo! Enhorabuena por el español y en el cielo para ese ángel que tiene llamada Xana.