Suiza desata una tormenta de goles y aplasta a Bosnia en un final de locura

Las emociones llegaron al final

Durante más de 70 minutos, Suiza y Bosnia-Herzegovina protagonizaron una batalla cerrada, intensa y cargada de tensión. Sin embargo, cuando parecía que el encuentro terminaría con un discreto marcador, el partido explotó en un desenlace absolutamente épico que dejó cinco goles en apenas 18 minutos y una contundente victoria suiza por 4-1.

Ante 70.026 espectadores, el conjunto helvético dominó gran parte del compromiso, pero se encontró una y otra vez con la resistencia bosnia y las intervenciones del portero Nikola Vasilj. La paciencia fue la principal virtud de los dirigidos por Murat Yakin, que siguieron insistiendo hasta encontrar la recompensa.

La historia comenzó a cambiar en el minuto 74. Tras una serie de rebotes dentro del área, Johan Manzambi apareció con instinto de goleador para empujar el balón junto al poste derecho y desatar la celebración suiza. Era el 1-0 y el premio a una insistencia que había sido constante durante todo el encuentro.

Bosnia intentó reaccionar, pero el panorama se complicó todavía más cuando Tarik Muharemovic vio la tarjeta roja en el minuto 80, dejando a su selección con diez hombres para afrontar el tramo decisivo.

Lo que vino después fue un auténtico vendaval.

En el minuto 84, Breel Embolo encontró un espacio dentro del área y sirvió un pase perfecto para Ruben Vargas. El atacante no perdonó y definió con precisión para ampliar la ventaja a 2-0. Parecía sentencia, pero el espectáculo apenas estaba comenzando.

Cuando el reloj marcaba el minuto 90, Vargas volvió a ser protagonista. Esta vez asistió a Johan Manzambi, que se adelantó a la defensa y definió con categoría para establecer el 3-0. El estadio estalló y Suiza parecía encaminada a una cómoda celebración.

Sin embargo, Bosnia se negó a rendirse. En el minuto 93, Ermin Mahmic cazó un balón en la frontal del área y conectó un espectacular remate que se incrustó bajo el larguero. El 3-1 devolvía algo de orgullo a los balcánicos y sorprendía a una defensa suiza que ya saboreaba la victoria.

Pero todavía quedaba una última escena para completar la noche. En el minuto 97, un penalti cometido sobre un atacante suizo le dio a Granit Xhaka la oportunidad de poner el broche de oro. El capitán no falló. Con sangre fría, engañó al guardameta y transformó el 4-1 definitivo desde los once metros.

Así, un partido equilibrado durante gran parte de la noche terminó convertido en un espectáculo inolvidable. Suiza sumó tres puntos de oro, asumió el liderato del grupo y envió un mensaje contundente a sus rivales: cuando encuentra espacios, es capaz de desatar una auténtica tormenta ofensiva.

 

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